En medio de una nueva ola de protestas por el deterioro del nivel de vida en Irán —que ya dejó al menos siete muertos— el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia directa al régimen: si las fuerzas de seguridad “disparan y matan violentamente” a manifestantes pacíficos, Washington “acudirá a su rescate”. El mensaje, difundido en Truth Social, incluyó una frase que elevó el tono: “Estamos listos y preparados para actuar”, sin detallar qué implicaría esa eventual intervención.
La respuesta desde Teherán llegó rápido y por duplicado. Ali Larijani, figura influyente del aparato de seguridad y asesor del líder supremo, calificó la amenaza como injerencia en un “asunto interno” y sostuvo que un paso de ese tipo podría desatar “caos en toda la región”, con un mensaje dirigido a la presencia militar estadounidense: “que cuide a sus propios soldados”. En la misma línea, Ali Shamkhani advirtió que cualquier “mano intervencionista” que se acerque a la seguridad iraní “será cortada” y ironizó sobre el historial de “rescates” norteamericanos, mencionando escenarios como Irak y Afganistán.
El trasfondo inmediato es una crisis económica que volvió a encender la calle: el rial perdió más de un tercio de su valor frente al dólar en el último año y ronda niveles cercanos a 1,4 millones por dólar, con inflación alta que erosiona salarios y ahorros. En paralelo, el cruce verbal se monta sobre un escenario regional ya cargado: La Nación recuerda que la tensión bilateral sigue marcada por los ataques estadounidenses de junio contra instalaciones nucleares iraníes y la posterior represalia de Teherán contra una base en Qatar, una secuencia que vuelve más delicado cualquier gesto en medio de las protestas.
