La designación del Departamento de Estado dinamita la narrativa del Ejército sandinista sobre el control del narcotráfico. Dicha designación, dictada por el Departamento de Estado que dirige Marco Rubio, ocurre en un contexto particular: las operaciones de Washington en el Caribe venezolano, que tiene en la mira al régimen de Nicolás Maduro, un aliado incondicional de Managua.
