El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso que combinó la defensa de sus acciones militares en Irán con un claro tinte electoral. El mandatario, a seis semanas de los comicios presidenciales, sugirió que la guerra en curso con la República Islámica «terminará después de las elecciones» de noviembre, a pesar de que el conflicto se extiende por siete meses, contrariamente a sus promesas iniciales de una duración breve.
Durante su intervención, el presidente Trump planteó un ultimátum a Irán: la «aniquilación» o un acuerdo. Sin embargo, inmediatamente después de esta advertencia, que ya había sido expresada previamente en sus redes sociales, anunció que representantes de ambos gobiernos mantuvieron una reunión de tres horas al margen de la Asamblea. Según el presidente estadounidense, Irán habría manifestado su disposición a reabrir el estrecho de Ormuz en una semana si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta las restricciones sobre sus puertos.
En un momento de su alocución, Trump desestimó las preocupaciones de analistas y altos mandos militares sobre el nivel de las existencias de municiones, calificando a quienes alertan sobre este problema como «cobardes y traidores». Asimismo, criticó a los periodistas que informan de forma crítica sobre su administración, dirigiéndose con tono burlesco a las cadenas de noticias a las que se les ha impuesto un veto. El discurso fue notablemente más corto que el del año anterior, enfocándose en la justificación de la guerra en Oriente Próximo y en presentar una imagen optimista de la situación interna de Estados Unidos.
