Las fuerzas estadounidenses completaron su retirada de Irak, marcando el fin de una presencia militar que se extendió por 23 años en el país. Esta decisión cierra un capítulo significativo iniciado con la invasión de 2003.
La intervención militar de 2003 fue emprendida bajo la premisa de que Estados Unidos no comprendía en profundidad la complejidad de la nación iraquí. A lo largo de las décadas, observadores señalaron que esta falta de entendimiento persistió, dificultando la estabilidad y el proceso de reconstrucción.
Durante el período de ocupación, Irak experimentó una serie de desafíos, incluyendo conflictos internos, insurgencias y la formación de distintos gobiernos. La retirada de las tropas estadounidenses se produce en un contexto de evaluación constante sobre la efectividad y el impacto a largo plazo de la intervención extranjera en la región.
