La ciudad de La Haya es escenario de una de las cumbres más tensas de la OTAN en los últimos años, marcada por la exigencia de incrementar el gasto en defensa y la incertidumbre que genera el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Los líderes aliados intentan proyectar una imagen de unidad frente a desafíos como la ofensiva rusa en Ucrania y la creciente inestabilidad en Oriente Medio, con Irán como nuevo foco de preocupación.
En este contexto, Trump volvió a arremeter contra España poco antes del inicio de la cumbre. Desde Estados Unidos, el expresidente cuestionó la actitud del Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusó de actuar con «injusticia» hacia el resto de miembros de la Alianza Atlántica. «España no cumple con los acuerdos, y eso representa un problema para el resto de países», declaró el republicano, reforzando su discurso habitual de presión sobre los aliados europeos para que aumenten su contribución en materia de defensa.
El encuentro en Países Bajos llega con el debate abierto sobre la posibilidad de elevar al 5% del PIB el gasto militar de los países miembros, una propuesta que ha generado divisiones internas y resistencias, especialmente en gobiernos que enfrentan dificultades económicas o tensiones políticas internas.
Los líderes de la OTAN buscan cerrar filas en un momento clave, mientras el escenario geopolítico se complica y crecen las dudas sobre el papel que desempeñaría Estados Unidos en caso de que Trump regrese a la presidencia tras las elecciones de noviembre.
