El triunfo de José Antonio Kast no puede explicarse únicamente desde una clave ideológica ni como una adhesión cerrada a su trayectoria política. El resultado expresa, ante todo, un voto pragmático y defensivo, marcado por la urgencia económica y la demanda de orden. Kast ganó porque logró interpretar un malestar concreto, especialmente en la clase media, que siente que su esfuerzo dejó de traducirse en progreso y estabilidad.
Kast venció por 16 puntos, la segunda diferencia más amplia registrada en una segunda vuelta presidencial. Solo la supera la victoria de Michelle Bachelet en 2013, cuando aventajó en 24,3 puntos a Evelyn Matthei.
